Cultura cívica “Made in Spain”

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Todos los días tenemos anécdotas para contar. Todos los días tenemos sincronías que, aunque no nos demos cuenta, son las que provocan las causalidades y nos ayudan a vivir mejor nuestro guión de vida. Hoy os cuento dos anécdotas repetitivas en poco tiempo en mi vida, sobre la falta de civismo que tienen muchos ciudadanos españoles (y los de otros países que nos visitan y se adaptan muy bien al caos).

Esta mañana, llevando a mi hija al colegio, antes del suyo hay uno de alto standing y católico. Justo en la puerta del colegio hay un semáforo que, en hora de entrada, está operativo de forma tricolor, resto en ámbar. Pues bien, estoy en la cola, pues estaba en rojo. En los coches hay una armonía asombrosa, todo bien, nadie baja del coche, probablemente todos seguimos recto ¡Pues no! 50 metros más adelante, y con el semáforo en verde, los eruditos y cívicos padres, descargan a sus criaturas, ya en bachiller, para que entren en el colegio y anden lo menos posible. Aunque de mucho menos standing que el anterior, más humilde, donde va mi hija, una madre de un compañero de clase, tiene por costumbre dejarlos en la misma puerta, aunque haya cola antes y aproveche el momento para que sus lindos hijos salgan.

Hace un ratito, decido tomar un poco la maravillosa energía de nuestro hermano sol, en la terraza de donde vivo. De repente veo a la vecina del fondo del huertecito mío que tira un cubo de agua de fregar los maravillosos y limpios suelos de su casa, a mi huertecito. No le digo nada por prudencia y vergüenza, aunque fuese la segunda vez que la pillo. Sigo tomando el sol y veo que también tira la basura del recogedor. Entonces le digo lo siguiente: “Perdona, pero eso no está bien lo que estás haciendo”, a lo que contesta “es sólo un poco de polvo”, y le digo “y el agua de antes también, que te he visto”. No sólo no reconoce el error, sino que se justifica y, por supuesto, nada de perdón. He visualizado su cuerpo y le he pedido perdón por haberme molestado tal situación. Ella se ha metido a casa, creo que con algo de rubor.

¿Cómo no queremos que haya guerra en Siria y en otros países, si en nuestras relaciones de pareja, vecinos, familia y demás, no somos capaces de vivir en armonía y respetando la libertad y las cosas de los demás? ¿Acaso le hubiera gustado a esta linda hermana vecina que yo hubiese hecho lo mismo en su huerto? Estoy seguro que no, como tampoco le dará mucho gusto a los papis que dejan a sus hijos en la misma puerta del colegio, obstaculizando el tráfico (salvo que no tengan a nadie delante ni detrás); y con suerte de que no pueden meterlos en el aula con el vehículo.

Aún falta un gran hervor a nuestra cultura cívica. Practicar más “lo que no quieras que hagan contigo, no lo hagas con los demás”. La vida es muy simple, aunque su estructura de funcionamiento sea complicada y aún no hayamos descubierto todos sus secretos; pero en el día a día, la complicamos nosotros con nuestros granos de arena que creemos que son montañas; como nuestro amado Quijote cuando veía a los gigantes y eran sólo molinos de viento. Él al menos estaba más lúcido que muchos de los de ahora, pues al fin y al cabo no se equivocaba por el tamaño, nosotros sí.

Este post es para que reflexionemos más y desde el corazón sobre nuestros comportamientos, habladurías y pensamientos, pues de esta forma lo que TODO ESTÁ BIEN, lo podemos hacer MEJOR.

Gracias hermanos. Feliz día.

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