Los castigos en el sistema educativo

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Esta mañana yendo al colegio para llevar a mi hija, me comenta que esta tarde tiene como castigo, estar en clase de 16 a 18 horas porque vino un compañero, revolucionó toda la clase y se fue. Al día siguiente no vino y él no está castigado. Dentro de la clase no todos estaban hablando, una de ella mi hija y aunque toda la clase no estaba hablando, cosa que reconoció la profesora al igual que la virtud alborotadora del individuo en cuestión, ha tomado esa decisión grupal. Pienso que un grave error que estamos repitiendo en nuestra sociedad, da igual al bandera, que, por unos pocos, el resto esté sufriendo esos errores. Creo que, en los centros educativos, donde se forjan los futuros pilares de la sociedad, no deben cometer el error de hacer, lo primero un castigo (para eso ya tuvimos dictadura, aunque ahora tengamos otra encubierta), y lo segundo, grupal. Que cada uno asuma sus consecuencias, no el grupo. Porque yo he nacido “sólo” y tú también, con tu alma y evolución individual y cada uno somos responsables de nuestros actos. Aunque aquí nos castiguen a nivel grupal, en el “cielo” no nos castigan así, somo nosotros los que, haciendo repaso de la vida que hemos dejado, y estando ya en proceso de aprendizaje (has dejado el cuerpo y te has reunido con los seres de tu nueva dimensión) aquí damos cuenta de cada uno de ellos. Por eso invito a una reflexión y a divulgar este mensaje para que dejen de repetir patrones arcaicos el profesorado y, alejándose de su ego que hace que se endiosen con “aquí mando yo”, se abracen la energía suprema, EL AMOR, y sientan que realmente ese es el único camino para tener una clase armoniosa y vivir en paz.

Claro está también el hecho de que la educación no empieza ni acaba en los centros educativos, ni tan siquiera en casa. Todo es una continuidad educativa: educación en movimiento ¿Por qué digo esto? Porque en casa también tenemos que abrazar esa energía suprema, EL AMOR, y no ser autoritarios por el mero hecho de que sean nuestros hijos.

La autoridad, el poder, y el castigo, son herramientas oxidadas que se vuelven hacia nosotros, haciéndonos el correspondiente daño.

TODOS SOMOS IGUALES A LOS OJOS DE DIOS. TODO ESTÁ BIEN. NADIE ES MÁS QUE NADIE. Estas deben ser nuestras premisas para ver como hermanos a nuestros semejantes.

Muchas bendiciones para todos.

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