Master chef y la involución del ser humano

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Cuando veo en La 2 publicidad del programa “Master chef”, siento “rabia” y “tristeza” ( las he entrecomillado porque no me inundan tanto mi ser estas emociones) de ver cómo tratan a las personas y, lo peor, que hay “romanos y romanas” (personas competitivas que quieren ver “caer” a alguien) que los ven. Todavía personas que no tienen nada que hacer, supuestamente y se dedican a ver estos bodrios televisivos donde se ensañan con los participantes.Por otro lado decir que, la moda de “alta cocina” donde te ponen un plato de medio metro de diámetro y la comida te la traen con una lupa al lado para que puedas verla antes de comértela, es un rizar el rizo. Si encima te dicen toda la parafernalia antes de ponértela, así como el vino y pronto ya será expandido lo de ahora en Francia, el té, pues para qué decir más, para salir corriendo.

Claro está que las personas-rococós que van a este tipo de restaurantes, algunos con estrellas Michelin (posiblemente pagadas antes), no se asustan, sino que todo lo contrario, engordan su ego, que no su cuerpo, pues por la comida que ponen no creo. El engorde del ego es inversamente proporcional al engorde del espíritu. Si tenemos en cuenta que somos más espíritu que carne; que la carne se pudre en una caja de madera o te incineran; creo que el camino a seguir es alimentar más nuestro espíritu. Respecto a nuestro cuerpo, alimentarlo con más humildad y practicidad.

Si quieres cenar en un sitio de las mil y una estrellas, vete al campo, siente la naturaleza a tu alrededor, mimetízate con ella, pues forma parte de ti. Déjate abrazar por la noche, por la presencia divina. Escucha tus hermanos los animales que estén a tu alrededor. Verás cómo, sin tanto artilugio culinario ni protocolos, te irás de allí con tu ser renovado.

En casa concina alimentos lo más frescos posibles. Al manipularlos siente su energía, esa energía que se va a transmitir a tu cuerpo cuando los ingieras.

Cuando te sientes para comer, da gracias a esos alimentos, a todas las personas que han intervenido en el proceso de elaboración, a la Madre Naturaleza, al Padre por tener la posibilidad de comértelos; de paso pídele que otros hermanos que no tienen la misma suerte que tú en esos momentos, la puedan tener en breve; así como una agricultura más saludable y respetuosa con la Tierra.

Siento que la vida es mucho más sencilla que como la pintamos; que producimos un desequilibrio energético cuando nos recreamos en una cocina-rococó habiendo hermanos que no tienen nada para echarse a la boca; por eso cuando nuestra conciencia se escapa por “los Cerros de Úbeda” con programas basura y competitivos, donde la superficialidad es el primer plato, el segundo y el postre; creo que una buena oportunidad para evolucionar es apagar el televisor y leer libros que te hagan crecer espiritualmente, orar o meditar. Ahora sí estas creciendo.

Gracias. Namasté.

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