Los cuatro acuerdos

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Hace un par de días que terminé de leer el libro “Los cuatro acuerdos” del Dr. Miguel Ruiz. Hoy he decidido ponerlos en práctica. De momento los he escrito y pegado en el salpicadero del coche.

Ponerlos en práctica es, antes de escribir un post, sentir la conexión divina para ello, aunque, como expone el cuarto acuerdo, también depende del estado de ánimo del momento.

Ponerlos en práctica es sentir las palabras para que sean lo más inocuas posibles, lo más impecables posibles, como dice el primer acuerdo, para un público diverso. Está claro que cada cual luego, opinará según su evolución.

Ponerlos en práctica es ser libre en escribir lo que siento con independencia de lo que opinen los demás, por lo que no tomo nada personalmente, como dice el segundo acuerdo.

Ponerlos en práctica es no suponer nada, como dice el tercer acuerdo. Pues de las suposiciones vienen las tergiversaciones cargadas con iones negativos de baja vibración que contaminarían mi mente si no aplico el segundo acuerdo.

Os invito de nuevo a que seáis libres, teniendo en cuenta que vuestra libertad acaba donde empieza la de tu hermano, y suelen medir lo mismo, salvo que tú quieras alargar por tu cuenta y riesgo la tuya, cosa que no deja de mermar la de tu hermano. Que expreséis lo que sentís, con amor y lejos, muy lejos de andar preocupados por lo que opinen los demás.

Por esos mismo motivos mi amado Maestro Jesús de Nazaret, hubiese permanecido en silencio toda su corta vida.

Los textos son literales del libro que os lo recomiendo. Gracias. Namasté.

El primer acuerdo: Sé impecable con tus palabras    

El Primer Acuerdo es el más importante y también el más difícil de cumplir. Es tan importante que sólo con él ya serás capaz de alcanzar el nivel de existencia que yo denomino “el cielo en la tierra”. El Primer Acuerdo consiste en ser impecable con tus palabras. Parece muy simple, pero es sumamente poderoso ¿Por qué tus palabras? Porque constituyen el poder que tienes para crear. Son un don que proviene directamente de Dios. En la Biblia, el Evangelio de San Juan empieza diciendo: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”.

 

El segundo acuerdo: No te tomes nada personalmente

Los tres acuerdos siguientes nacen, en realidad, del primero. El Segundo Acuerdo consiste en no tomarte nada personalmente. Suceda lo que suceda a tu alrededor, no te lo tomes personalmente. Utilizando un ejemplo anterior, si te encuentro en la calle y te digo: “¡Eh, eres un estúpido!”, sin conocerte, no me refiero a ti, sino a mí. Si te lo tomas personalmente, tal vez te creas que eres un estúpido. Quizá te digas a ti mismo: “¿Cómo lo sabe? ¿Acaso es clarividente o es que todos pueden ver lo estúpido que soy?” Te lo tomas personalmente porque estás de acuerdo con  cualquier cosa que se diga. Y tan pronto como estás de acuerdo, el veneno te recorre y te encuentras atrapado en el sueño del infierno. El motivo de que estés atrapado es lo que llamamos “la importancia personal”.

 

El tercer acuerdo: No hagas suposiciones

El Tercer Acuerdo consiste en no hacer suposiciones. Tendemos a hacer suposiciones sobre todo. El problema es que, al hacerlo, creemos que lo que suponemos es cierto. Juraríamos que es real. Hacemos suposiciones sobre lo que los demás hacen o piensan -nos lo tomamos personalmente-, y después, los culpamos y reaccionamos enviando veneno emocional con nuestras palabras. Este es el motivo por el cual siempre que hacemos suposiciones, nos buscamos problemas. Hacemos una suposición, comprendemos las cosas mal, nos lo tomamos personalmente y acabamos haciendo un gran drama de nada. Toda la tristeza y los dramas que has experimentado tenían sus raíces en las suposiciones que hiciste y en las cosas que te tomaste personalmente.

El cuarto acuerdo: Haz siempre lo máximo que puedas

Sólo hay un acuerdo más, pero es el que permite que los otros tres se conviertan en hábitos profundamente arraigados. El Cuarto Acuerdo se refiere a la realización de los tres primeros: Haz siempre lo máximo que puedas. Bajo cualquier circunstancia, haz siempre lo máximo que puedas, ni más ni menos. Pero piensa que eso va a variar de un momento a otro. Todas las cosas están vivas y cambian continuamente, de modo que, en ocasiones, lo máximo que podrás hacer tendrá una gran calidad, y en otras no será tan bueno. Cuando te despiertas renovado y lleno de vigor por la mañana, tu rendimiento es mejor que por la noche cuando estás agotado. Lo máximo que puedas hacer será distinto cuando estés sano que cuando estés enfermo, o cuando estés sobrio que cuando hayas bebido. Tu rendimiento dependerá de que te sientas de maravilla y feliz o disgustado, enfadado o celoso.

 

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